viernes, 1 de octubre de 2010

"Indiana Jones metido en una caja"

Así definía Rodrigo Cortés su último trabajo en rueda de prensa. El pasado jueves 30 de Septiembre se presentaba BURIED (Enterrado) en los cines Van Dyck de Salamanca. Cortés comenta en exclusiva algunos detalles del rodaje e incluso nos concede una exclusiva y adelanta detalles sobre su próximo proyecto.


Desde luego, la magia de Hitchcock impera a lo largo del metraje de la segunda película de Rodrigo Cortés, Buried (Enterrado). 94 minutos encerrados en un ataúd, manteniendo un ritmo narrativo perfecto que no da tregua y haciendo que el público se entretenga. El director asegura que quería convertir la película en “una experiencia”.  Y vaya si lo ha conseguido…
Paul Conrey (Ryan Reynolds) es un padre de familia y contratista civil en Irak que despierta enterrado vivo  en un viejo ataúd de madera. Sin saber quién lo ha puesto ahí ni mucho menos por qué, su única oportunidad para escapar de su agónica pesadilla es un teléfono móvil. La cobertura precaria, la falta de batería y la escasez de oxígeno son sus peores obstáculos en una carrera a vida o muerte contra el tiempo: Paul sólo dispone de 90 minutos para lograr su rescate.

Poco más se puede contar de la película. Teniendo en cuenta el supuesto minimalismo de su propuesta (sencilla, pero arrebatadora), la película supone un desafío en todos los niveles de producción de una película. En primer lugar, el guión. Uno de esos guiones fantásticos que acaban en la llamada “lista negra” de Hollywood. Es decir, guiones muy buenos pero que parecen no salir a flote. El guión enganchaba, la trama era fantástica y los acontecimientos estaban muy bien descritos. Es un guión que no da tregua, que esconde no sólo un thriller lleno de adrenalina, sino una metáfora sobre la burocracia, una comedia negra, una película de acción…

¿El problema? Nadie sabía cómo rodarla. El guión transcurre íntegramente dentro del ataúd, por lo que estaba claro que no podía mancillarse el guión llevando la cámara (y al espectador) fuera de ese espacio claustrofóbico. Había que permanecer con el protagonista, sufrir con él, desesperarse con él. Y para ello, Cortés desafió la técnica, la narrativa y la imaginación para conseguir rodar 94 minutos de tensión en un espacio tan reducido. La planificación de Cortés se las ingenia para nunca resultar repetitiva, encontrando diferentes encuadres, diferentes movimientos, travellings, zooms y un enorme rango de trucajes visuales para que la narración nunca cansara. Al final es una película de acción, rodada con ese pulso narrativo, un thriller frenético basado en cualquier “pesadilla kafkiana”… “Es como Indiana Jones dentro de una caja”, en palabras del propio director.

Pero por mucho que Cortés se esmerase, si Reynolds no conseguía llenar la pantalla, impregnarnos de su angustia, la película fallaría. Por ese motivo el director ha pedido que la película se vea en su versión original en el pase de prensa, al menos en el que pude hablar con el director, realizado en los cines Van Dyck de Salamanca. La interpretación de Reynolds es, sin duda, la mejor de su carrera y demuestra que es algo más que un actor de comedias absurdas o acción sin complejos en las que parecía encasillado. Reynolds se entrega en esta película al 200%, ya que él mismo era el encargado de iluminarse con el mechero y el móvil durante la actuación. Ha tragado tierra, se ha quemado con el mechero, ha sangrado y ha sufrido como el propio protagonista.

Apoyando la planificación y completando la interpretación de Reynolds, la música de Victor Reyes parece fluir con el ritmo cardíaco del protagonista. La música no es sino el reflejo de sus sentimientos, de su frustración, tristeza, desesperanza. Si él siente rabia, la música nos lo transmite, lo incrementa. Si él se hunde en la oscuridad y la soledad, música, planificación e interpretación hunden también al espectador.

Desde luego, una película desafiante en su producción, intensa en su visionado y refrescante en el panorama del “esto ya lo he visto” que vive el cine de entretenimiento. Cortés se alza como uno de los directores a seguir, otro de esos jóvenes realizadores que triunfan más allá de nuestras fronteras.